El primer requisito para que el aprendizaje tenga lugar es el deseo por conocer. Nuestro rol como profesores, por lo tanto, parte de generar en el alumnado asombro, la capacidad de sorprenderse y de querer explorar el mundo que les rodea. Así lo expresa Catherine L’Ecuyer en Educar en el Asombro: “Educar en el asombro es replantear el aprendizaje como un viaje que nace desde el interior de la persona, una aventura maravillosa facilitada por una consideración profunda de lo que reclama la naturaleza del niño, como el respeto por su inocencia, sus ritmos, su sentido del misterio y su sed de belleza”.



